Acabo de terminar de leer Maonomics, el libro de Loretta Napoleoni.
Cierro sus tapas en rústica sin que me abandone una sensación de malestar. Una molesta percepción que ha ido creciendo desde el comienzo de su lectura.
En realidad estas líneas, más que un post, es una suerte de apunte de las ideas que, sin terminar de tomar cuerpo, me han provocado este breve ensayo.
Loretta Napoleoni nos enuncia lo que nuestra realidad ratifica: El capitalismo está desahuciado.
Como un enfermo terminal, se niega a ver la realidad y busca nuevos tratamientos milagro, pero está próximo al colapso por un fallo multiorgánico.
Napoleoni define a China por oposición a la realidad institucional que conocemos. De esta manera lo entendemos mejor y tomamos conciencia de que, dentro de un mundo globalizado, se está abriendo una brecha insalvable entre diferentes maneras de entender la economía.
Los Estados del primer mundo han tomado el patrón de comportamiento análogo al de las empresas occidentales. El milagro de la Externalización. ¿Para qué mantener costosas estructuras con el fin de realizar productos cuya producción sería más barata en otro rincón del mundo? Conservemos el Know-how, mientras le encargamos a otro la producción de nuestro producto a la mitad de precio. El valor es la marca, el saber hacer.
Y funcionó. Funcionó del mismo modo que podemos sacar más beneficio aguando el vino. Funcionó hasta que llegamos a llenar el odre sólo de agua.
Las empresas de nuestro entorno comenzaron a producir en China, diviendo sus costos y multiplicando sus beneficios.
Los países hicieron cajan con sus activos, vendiendo las empresas estatales rentables y cerrando las improductivas. Subcontraron empresas privadas para realizar los servicios que debían garantizar. Los resultados a corto plazo fueron espectaculares. Simplemente notamos un aumento del paro que las cuentas públicas saneadas podían atender.
Ahora las empresas, convertidas en meras oficinas técnicas y comercializadoras, se dan cuenta de que el mercado también se encuentra en China. La sociedad occidental, cada vez más improductiva, va perdiendo su capacidad de compra. China tiene el dinero, las fábricas, los trabajadores y las estructuras necesarias. Sus empresas
Sin embargo. Ahora entendemos que la liberalización de sectores como la banca, la telefonía, los carburantes o la electricidad no han aportado al consumidor ninguna ventaja. La competencia no ha mejorado ni el servicio ni el precio.
¿Qué hemos ganado entonces? ¿A quién podemos reclamar entonces? A Estados convertidos en esqueletos, sin músculo alguno, que tiemblan como hojas a la merced de del céfiro de los Mercados.
Por lo tanto, si un Estado es la suma de la voluntad de sus ciudadanos, y una empresa tiene por fin dar beneficio a sus accionistas, los ciudadanos occidentales somos unos simples idiotas que vendimos a destiempo nuestras acciones de muchas de estas megacorporaciones que, en su origen fueron empresas estatales pagadas de nuestros propios impuestos.
Quizás tenga que asentar un poco lo que he leído para volver a poner en valor muchas de las cosas que disfrutamos y que escasea en el exitoso modelo de sociedad del gigante asiático, por ejemplo, Democracia.
Preocupado como todos por el cambio climático, me hizo descubrir que hay una realidad todavía más alarmante que el final a medio plazo del planeta: El fin en un previsible corto espacio de tiempo de la sociedad que conocemos.
El petróleo como motor de nuestra civilización, como materia prima (plásticos, asfaltos, productos químicos...) no tiene un sustituto claro, mientras crece su demanda y su extracción muestra signos de fatiga.
Un aviso claro de que necesitamos un cambio radical de paradigma, ya no para nuestro futuro, sino para nuestro presente inmediato.
El jueves me despedí de las vacaciones y de la familia, y volví para agarrar con ímpetu de nuevo el asa de mi maletín de cuero. Adelantaba en unos días el final de las vacaciones para firmar un contrato que quedó pendiente a finales de julio. En realidad, la cita era el viernes, pero no quería que me sorprendiese ningún contratiempo. Prefería pasar a recoger y leer todo antes, ponerme al día.
En fin. Resumiendo para no aburrir: contemporizando con las fechas, se agostó lo que consideraba negocio hecho.
El viernes por la tarde, cuando terminé de asumir que el tema se había echado a perder, me quedé clavado en el sillón del salón. Con cara de julai tras apostarlo todo con un trilero. Incapaz de reaccionar, y de encontrar a alguien a quien echar la culpa -es el principal sinsabor de trabajar solo-.
El sábado por la mañana seguía en el mismo sillón, ahora flanqueado por un tetrabrik de gazpacho -ya vacío- y una botella de güisqui -le quedaba un culín-. Mis pies, como los de una nueva Dafne velluda, se enraizaban en el parqué.
Intenté pensar en herramientas de pensamiento positivo.
Es difícil explicar lo que es una pájara a alguien que no la ha sufrido. Cómo un ciclista que pasa horas en la bicicleta va a ser incapaz, de pronto, de seguir pedaleando ni un minuto más. Un vacío de fuerzas, la incapacidad plena de ordenar a tus músculos continuar su rutina.
Animar a otro es una cosa, pero motivarte a ti mismo, que te ves venir a lo lejos, con los bolsillos repletos de citas de Mandino y Napoleón Hill, es otra diferente.
Necesitaba claramente un estímulo externo. Determinadas cosas ya no sé dónde buscarlas, la literatura debe pasar por la razón y se necesita un ánimo tranquilo. Pasé el índice por la estantería del pasillo donde tengo las películas y cogí la de El pianista de Polanski.
Me dejó sobrecogido. Además de la indiscutible calidad de la cinta, me pareció revelador cómo, contradiciendo a Ortega, podemos ponernos por encima de nuestras circunstancias.
La verdad es que cuando apagué la tele era un nuevo hombre. Había conseguido relativizar el revés, sin embargo, todavía no había recuperado el aguijón. Me había levantado de la lona antes de la cuenta atrás, pero todavía no sabía si pegar al señor con pajarita o al de mirada torva con botas y en calzoncillos.
Ya era media tarde y me lancé a la calle. Al llegar a unas multisalas de cine encontré en los carteles lo que buscaba The Karate Kid 2010. ¿Yo viendo una de Jackie Chan? No estaba para mucho pensar. Entré cuando acababa de empezar.
No os la cuento, no os la quiero destripar antes de que vayais a verla.
Uff. A veces la medicina no sabe bien, pero realmente cura. Yo estoy de nuevo hecho un toro.
En fin. Que ya vale de regodearnos en el lodazal de la crisis. ¡Qué aburrimiento! Al final la sociedad se tiene que dar cuenta del poder que realmente tiene.
Son los ciudadanos quienes eligen a determinados líderes para que durante un período de tiempo administren los bienes públicos, pero no podemos creer que eso nos exonera de gestionar nuestra vida y nuestro destino.
Los políticos de nuestro país están perdiendo, frente a la sociedad y la historia, una oportunidad de demostrar su lealtad a un proyecto de país que no acaba con la legislatura.
Me ha venido a la cabeza este poema de Kipling que tantas veces he recordado, sobre todo en los momento de tribulación.
Si guardas en tu puesto la cabeza tranquila, cuando todo a tu lado es cabeza perdida. Si tienes en ti mismo una fe que te niegan y no desprecias nunca las dudas que ellos tengan.
Si esperas en tu puesto, sin fatiga en la espera. Si engañado, no engañas. Si no buscas más odio, que el odio que te tengan. Si eres bueno, y no finges ser mejor de lo que eres.
Si al hablar no exageras, lo que sabes y quieres. Si sueñas y los sueños no te hacen su esclavo. Si piensas y rechazas lo que piensas en vano. Si alcanzas el TRIUNFO ó llega tu DERROTA, y a los dos impostores les tratas de igual forma.
Si logras que se sepa la verdad que has hablado, a pesar del sofisma del Orbe encanallado. Si vuelves al comienzo de la obra perdida, aunque esta obra sea la de toda tu vida.
Si arriesgas de un golpe y lleno de alegría, tus ganancias de siempre a la suerte de un día, y pierdes, y te lanzas de nuevo a la pelea, sin decir nada a nadie lo que eres, ni lo que eras.
Si logras que los nervios y el corazón te asistan, aún después de su fuga, en tu cuerpo en fatiga, y se agarren contigo, cuando no quede nada, porque tú lo deseas, lo quieres y mandas.
Si hablas con el pueblo, y guardas la virtud. Si marchas junto a Reyes, con tu paso y tu luz. Si nadie que te hiera, llega a hacerte la herida. Si todos te reclaman, y ninguno te precisa.
Si llenas el minuto inolvidable y cierto, de sesenta segundos, que te llevan al cielo. TODO lo de esta Tierra será de tu dominio, Y mucho más aún ...
¡ Serás un HOMBRE, hijo mío !
Confiemos menos en revoluciones sociales, que no están en nuestra mano, y más en nosotros mismos y nuestras fuerzas. La alegría y la esperanza también puede ser contagiosa.
Hoy me han hablado de la página storyofstuff.com. En veinte minutos podemos hacernos una idea cabal de los problemas de sostenibilidad de nuestro actual nivel de consumo de recursos.
Debajo, para los que tengáis el oído tan duro como yo para el inglés, os pego los videos de Youtube subtitulados en español.
Echando un vistazo al blog de una amiga, memorias de una cabra , me he encontrado con este video de una aparición de Salvador Dalí en un programa de televisión estadounidense. Simplemente genial.
Aún no se ha dormido. He decidido enceder el portátil y escribir un par de líneas, mientras espero a que a mi hijo le venza el sueño y yo pueda cambiarle su colmillo bajo la almohada por un billete de 5 euros.
No ha sido una gran noche. La semana pasada triunfé poniéndole a mis hijos la película de La gran familia. El DVD lo compré con el periódico dominical hace años. Desde entonces cogía polvo retractilado en su celofán en la estantería del pasillo. Hoy lo he intentado de nuevo con una película de la misma colección que cumplía idénticas características: versaba sobre la familia, blanco y negro, española...
A los diez minutos ya me había quedado solo en el sofá volviendo a ver El desencanto, cuando ellos han comprendido que no iba a salir Pepe Isbert haciendo de abuelo.
El desencanto, cuánto tiempo hacía que no veía esta película. Os recomiendo encarecidamente que os hagáis con ella. Al principio del metraje desfilan por la pantalla la mujer de Leopoldo Panero, junto con sus hijos Juan Luis, personificando la imagen de poeta maldito, y Michi, emulando a James Dean. Poco a poco va mostrándose la tramoya oculta detrás de la figura de uno de los más respetados poetas de su tiempo.
La cinta da un giro cuando aparece Leopoldo María. A partir de ese momento, todo parece subordinado a él: Genial, mítico, con una brillante inteligencia llena de recodos.
Ved detenidamente este video subido por Alish a Vimeo. Sin comentarios.
¿Por qué nadie ataja con datos la enorme alarma social generada?, ¿Para gastar el Tamiflú que compró el gobierno hace un par de años cuando estalló la alarma de la gripe aviar?