Alien Nation
Hola, amigos:
Hoy es mi primer día de vuelta al trabajo y, al regresar a casa, me he puesto a repasar las fotos de las vaciones. Sinceramente, han sido unas vacaciones de película de Buñuel.
Un día mi mujer llegó a casa con un catálogo dorado con el castillo de la Cenicienta en su portada.
-¡¡Es el quincuagésimo aniversario de Eurodisney, cariño!! Demos un capricho a los niños.
Y, la verdad, es que ellos estaban encantados. Así que allí fuimos a pasar 5 días a principios de agosto.
A mí, en realidad, me parece perfecto que una empresa explote al límite sus productos estrella, lo que me parece increible la reacción que produce en el vulgo. Hombre, ver construido en corchopan los escenarios de las películas que estimularon nuestra imaginación en la infancia, puede despertar sentimientos olvidados. Pero, de eso, a la histeria, hay un trecho.
Es indescriptible la brecha que ves entre el buen rollito cursi que transmite el parque y la ansiedad, la mala educación de los visitantes por ver la cabalgata, hacerse una foto con los personajes, colarse en una atracción.
Yo miraba asombrado cómo se desataba la locura del público cuando aparecía Micky. Sólo podía pensar en qué sentiría el pobre muchacho que animaba el muñeco. Seguro que habría ido hasta el trabajo en metro sin que nadie le mirara a la cara, y, en ese momento, embutido en el traje de gomaespuma con orejas, una mesnada enfervorizada le rodeaba pidiéndole autógrafos. ¡Qué subidón para el ego!
Yo confieso que, aunque pasé de hacer cola por un garabato de un trabajador temporal, firmé en un cuadernillo con la mano izquierda por todos los personajes en el avión de vuelta. Una cosa es ser un descreido y otra dejar de fardar con los amigos en casa.
