Mi Nano convertido en Ipod Ya-no
Resciam in pacem, Nano. Aguantaste los embates de mis hijos, las caídas desde la mesilla, las noches debajo de mi espalda, cuando me dormía oyendo el podcast de Dommo o El Amuleto de Yendor. Me enamoro tu diseño, tu simplicidad y ergonomía, pero pedirte el sello de "waterproof" en tu trasera bruñida, era exigirte demasiado. Quizá tuve yo la culpa, quizás te empujé yo incoscientemente a tu desenlace. Ya no te deseaba. Sí, seguía vivo ese lazo de camaradería, pero soñaba sin reconocerlo con el iphone o un ipod touch. Te fuiste sin reproches. Mi mujer tropezó con la mesa de la cocina y te lanzaste al cubo desapareciendo debajo del arrecife de la fregona.
O quizás, te supiste sin sentido, al conocer que se había apagado la voz de Juan Antonio Cebrián, ya que el motivo de comprarte fue oír el podcast de La Rosa de los Vientos. Aún recuerdo mi piel de gallina oyendo por tus cascos blancos el pasaje de Blas de Lezo. Gracias, Juan Antonio, por tantos momentos buenos, por tanta alegría y por tanta energía.
Al llegar a casa, antes de conocer la noticia de tu inmersión, vi sobre la mesa una cajita transparente con un Nano de los nuevos de 4 gigas. Entonces, antes de ver mi mujer, entendí que algo te había pasado. Sólo ahora me doy cuenta de que el futuro será seguro diferente, pero no mejor.
