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La Coctelera

El CebriBlog

Mirando el mundo a través del culo de un vaso

20 Marzo 2009

Facebook.... Que sí... que tenías razón, Friedrich...

Me cuesta contarlo, porque todavía no lo consigo asimilar. Yo, convencido borgiano, concebía la vida como el jardín de los senderos que se bifurcan, seguro de que cada decisión que tomaba, diluía  millones de permutaciones de existencias posibles que desechaba; cada vez que elegía lo más nimio, desaparecían infinitas posibles vidas que podría haber recorrido de haberme decantado por lo contrario.

Creo que no lo termino de plasmar. Imaginad. Te levantas(1 decisión) un domingo por la mañana pronto (2) y decides irte a leer el periódico al parque (3). Piensas ¿gafas o lentillas? (4). Quizás, si conjugaras las lentillas con una caidita de ojos, podrías dar un giro a tu vida sentimental con la kioskera. Si eligieses la primera, en el parque, sentado de espaldas al sol para leer mejor, tus lentes, por el efecto lupa, prenderán el periódico de tu regazo, haciéndote olvidar de golpe cualquier cualquier preocupación acerca de la depilación genital de ese verano.

Todo cambió radicalmente en navidades. Me llegó al correo una inocente invitación para unirme a Facebook. La eliminé, pensé que era un virus. Sin embargo, pronto comenzaron a llegarme varias invitaciones de personas del mismo grupo (ex-compañeros de trabajo de la misma empresa). Obviamente me di de alta. La verdad es que lo primeros días era muy divertido; todo el mundo estaba muy activo e interactuaba. Yo invité a otras personas que conocía con un porcentaje medio/bajo de éxito de captación.

Con lo que no contaba era con la capacidad increíble que tiene Facebook de conectarte con gente que creías perdida en una de las bifurcaciones no elegida que comentábamos arriba. Primero fueros antiguos compañeros de trabajo a los que guardo cariño, luego compañeros del colegio, amigos desaparecidos cuando todavía me preocupaba por las espinillas.

Facebook es igual que el bar de la estación de tren, donde todo el mundo se junta a tomar la última cuando todos los locales han cerrado.

Volviendo a referencias borgianas, es el aleph, el punto donde se juntan todos los puntos. Te encuentras con personas de diferentes etapas de tu vida como si estuvieras trabajando con un programa de edición de imágenes, colocando capa sobre capa en una misma foto.

Lo genial es que los reencuentros virtuales trascienden la pantalla:

- Rambla con Mallorca (Qué ilusión me hizo volver a ver a Yolanda, Carme, Cristina y a Salva)

-Jessica Fletcher rendezvous (Gracias, Vicky. Tomar un cocktail contigo, me hace sentirme como en Desayuno con Diamantes)

-Left Gallery (Sergio, esto fue visto y no visto. Tenemos que quedar, aunque sea para ver una peli en el cine y luego diseccionarla a lo Pumares)

Pero cuando me acordé de Nietzsche y de su Eterno Retorno fue ayer. Quedé con un antiguo amigo a través de Facebook con el que no había hablado desde hace 7 años. Quedamos en el mismo sitio que la última vez. Él estaba exactamente igual. No es un cumplido. Exactamente igual. Cuando nos sentamos, empezamos a hablar también de lo mismo. Lo juro. Tuve que bajar la vista  y mirar en repetidas ocasiones mi tripa para asegurarme que no estaba sufriendo un déjà vu.

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